F.S. -¿En qué consiste la dificultad mayor que afronta un pintor?
L.G. - Ella contesta composición, con palabra segura y nerviosa al mismo tiempo. " La del enfoque, entonar el cuadro, conseguir las transparencias de la carne, captar la expresión del modelo".
F.S. -¿Cuál es su técnica pictórica?
L.G. - "Muy sencilla. Me limito a ir edificando los colores uno al lado de otro según los percibe la vista, comenzando desde los oscuros y entonando el fondo a la par que voy subiendo a los claroscuros y a las luces. Para ello es necesario hacer una construcción perfecta del sujeto respecto a las dimensiones del lienzo y al fondo de la pintura. Y nunca jamás descuidar el dibujo y el movimiento y, sobre todo, el modelo".
F.S. - ¿Y que le interesa más en su arte?
L.G. - Independientemente de los principios básicos, tales como la composición, la construcción y la forma me interesa capitalmente el color. Es natural, siendo yo una pintora. Pero a lo que yo me refiero es a la plasmación con el pincel de los colores que me producen una emoción. Por eso yo me dedico principalmente al desnudo. En una persona se pueden encontrar infinitos colores y transparencias que difícilmente se encuentran en otro tema. Además, hay que darles la vida que esos colores tienen en la materia humana. En la escultura se levanta un problema similar. Pero con la forma se redondea lo que no puede lograrse palpablemente en el lienzo. No hay que olvidar que en la escultura hay también color, pues las mismas formas se encargan de poner, según se van tallando, las sombras los claroscuros y las luces, aunque relativos, desde luego, al color básico de la piedra o la madera. A mí me compensa la pintura lo que le falta a la escultura y viceversa".
F.S. - ¿Cómo diferencia usted el óleo de la acuarela?
L.G. "Para mí la pintura al óleo es lo cabal. La acuarela es una pintura de emoción alegre, propia para temas ligeros; es como un remanso a los altos esfuerzos pictóricos"
Comenta y compara:
que en las obras de los primitivos admira la
similitud pasmosa que existe entre ellos y los cultivadores del arte moderno.
La pintura del Bisón en la cueva de Altamira, por ejemplo, nada tiene
que envidiar a la del mejor pintor o dibujante animalista moderno. En esa
pintura primitiva hallamos la base y el modelo del arte moderno estilizado.
Y lo mismo puede decirse de la escultura. Los mejores ejemplos de la escultura
moderna se encuentran en las esculturas, de incomparable belleza, de la
IV Dinastía de Egipto. Los egipcios poseían el don de captar
formas con suprema sencillez sin entrar en detalles que pudieran empequeñecer
los volúmenes y la forma. En ellos se inspiraron, posiblemente, algunos
de nuestros mejores escultores de la talla directa, como Mateo Hernández
y José de Creeft.